“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. — Salmos 127:3 (RV 1960)
La verdadera satisfacción de ser padres
Hay una responsabilidad de un peso eterno que los padres no podemos evadir: la tarea de brindarles a nuestros hijos e hijas las herramientas equilibradas para que puedan crecer, madurar y cumplir su diseño divino en la tierra.
Querido lector, permíteme hacerte una pregunta confrontante para iniciar: ¿Cuál crees que es la verdadera satisfacción de un padre al ver crecer a sus hijos?
A. Que sus hijos alcancen grandes riquezas materiales.
B. Que sus hijos sean personas honestas e íntegras.
Me enfoco intencionalmente en estos dos puntos porque, si bien es cierto que todos anhelamos que nuestros hijos sean exitosos, verlos triunfar acompañados de una moral inquebrantable e integridad espiritual nos llena de una satisfacción que el dinero jamás podrá comprar.
Doy gloria a mi Padre Celestial porque, en Su infinita gracia, me regaló una revelación justo al frente de mi casa a través de tres plantas de plátano. El estado de cada una de ellas reflejaba el suelo donde fueron sembradas. De allí nace esta trilogía que hoy empiezo a compartir contigo:
- 🌴 Reflexión #15: Escombrina (El terreno de los traumas y heridas no sanadas).
- 🌴 Reflexión #16: Pasmadina (El terreno del estancamiento y la falta de tiempo).
- 🌴 Reflexión #17: Firmina (El terreno de la Palabra, la estabilidad y la bendición).
Acompáñame hoy a descubrir la historia de la primera planta, e identifica qué tipo de suelo estás ofreciéndole a tu generación.
La dura batalla de Escombrina
Escombrina es la primera planta de nuestro jardín. Su nombre se debe estrictamente al tipo de suelo donde fue plantada: una tierra repleta de residuos de construcción, piedras y desechos.
Pese a las múltiples batallas a las que se ha tenido que enfrentar desde que era un pequeño brote, Escombrina se esfuerza, lucha con todas sus fuerzas y se estira para intentar crecer. Sin embargo, por más que se esfuerza, parece que no es suficiente. Y es lógico: ¿Qué nutrientes reales le pueden aportar a una raíz unos pedazos de ladrillo, tejos rotos y piedra sólida?
Imagen: La planta Escombrina luchando entre los escombros — Fuente: Angie Reza
Sin importar las altas temperaturas del sol del mediodía, los fuertes vientos que amenazan con arrancarla y las noches frías de invierno, Escombrina ha logrado sobrevivir y hoy ya es una planta adulta. Para cualquier agricultor, el tiempo de la cosecha es un momento de celebración, el instante donde se prepara el corazón para recibir las primicias de la tierra.
¡Pero vaya sorpresa nos llevamos con Escombrina! Al medirla, apenas alcanza una estatura de 1.60 metros; escasamente llega a la mitad de la altura promedio de una planta de su especie. Aunque Escombrina está llena de "sueños" y anhelos de dar un fruto gigante, alcanzar su máximo potencial le va a costar el triple de esfuerzo del que ha hecho hasta ahora. El suelo no la deja avanzar.
Al ver las limitaciones de Escombrina, el agricultor siente compasión y decide ayudarla. Comienza a arrojar en su raíz las cáscaras y abonos orgánicos de los alimentos que utiliza en su cocina. Esto, sumado a una buena temporada de lluvia, hace que Escombrina empiece a reaccionar y a estirar una que otra hoja verde. ¡Ya no se ve tan pequeña y descuidada! Se emocionó tanto con el nuevo abono que, en poco tiempo, ¡le brotaron hijos en la raíz!
Pero en ese preciso instante, un pensamiento alarmante cruzó mi mente en voz baja: Si Escombrina escasamente tiene los nutrientes necesarios para sostenerse a sí misma, ¿ahora qué alimento y qué sustancia le va a heredar a sus hijos?
Es hora de detenerse y reflexionar
Este escenario nos obliga a hacer un alto total en la vida agitada, rápida y superficial que llevamos. Necesitamos sacar unos minutos para pensar seriamente en lo que queremos para nuestro futuro y, sobre todo, en el legado que les espera a nuestros hijos.
Como padres, tenemos la responsabilidad legal y espiritual de romper con las maldiciones generacionales, identificando con valentía esos errores de conducta que se siguen repitiendo de generación en generación.
Todos hemos escuchado o vivido la típica historia de la adolescente que hacía muecas de fastidio e irritación cuando sus padres le daban "cantaleta" o la reprendían con gritos. Sin embargo, al pasar los años, esa misma adolescente crece, se casa, tiene hijos y, de forma automática, replica exactamente la misma cantaleta y hostilidad en su propio hogar. ¿Qué pasó ahí? Repitió el patrón del escombro.
Debes identificar lo malo en ti y atacarlo en el espíritu.
Si percibes que la cantaleta y los gritos son irritantes para el oído y el alma, debes comprender que si tomas la decisión de actuar igual, tus hijos tendrán exactamente la misma percepción de ti. No es lo mismo dar cantaleta que dialogar con madurez. El diseño del Reino no es el grito destructor, sino sentarse con amor a conversar con nuestros hijos acerca de aquellas áreas que necesitan mejorar.
¿Qué representan los escombros en la familia?
En el mundo espiritual, los escombros representan toda esa basura emocional, las cosas rotas del pasado, los traumas de la infancia y la falta de fundamentos sólidos. Son las heridas que no se han perdonado y que no aportan absolutamente nada al crecimiento; al contrario, producen un estancamiento crónico que destruye la armonía familiar.
Tu cónyuge y tus hijos necesitan un hogar que funcione como un refugio; un lugar donde se sientan seguros, protegidos, amados y alimentados en tres dimensiones: física, mental y espiritualmente. El rey Salomón nos advirtió el peligro de un hogar edificado sobre el escombro de la amargura:
“Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda”. — Proverbios 21:19 (RV 1960)
Unos padres que caminan con lesiones de la infancia no superadas, resentimientos contra sus propios progenitores o vacíos afectivos, son adultos con "escombros" en el corazón. Si esos escombros no se remueven a través del perdón y la sanidad en la presencia de Dios, terminarán sepultando el potencial y la formación de sus hijos.
Asimismo, existen los padres pasmados: aquellos que, por un lado, asumieron la responsabilidad de un hogar sin tener la madurez o la estabilidad para responder económicamente; o peor aún, aquellos que teniendo la edad y los recursos, carecen por completo de tiempo de calidad para sus hijos porque las ocupaciones, el activismo y los afanes del siglo los han envuelto por completo.
Nuestra oración ferviente es que el Señor te otorgue las herramientas equilibradas para remover todo desecho de tu suelo. Deseamos que puedas llegar a la vejez junto a tu pareja, disfrutando de la mayor satisfacción de un padre: saber que criaron hijos e hijas íntegros que aportan un valor eterno a la sociedad.
¡Un abrazo fraterno! Recuerda que esta es una trilogía de fe. Te espero en la próxima publicación para examinar el suelo de Pasmadina y descubrir cómo liberar tus finanzas y tu tiempo para tu generación.
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Removiendo la piedra y preparando una tierra fértil para el mañana, se despide,
Angie Reza.
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