“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. — Isaías 9:6 (RV 1960)
🧮 La clase de matemáticas y el Consejero Único
Vamos a trasladarnos por un momento al aula de clases de nuestra infancia, justo al frente del tablero con el profesor de matemáticas. Imagina que él escribe el siguiente ejercicio:
Al ver esto, el profesor nos diría: "Lean y analicen, ¿Qué operación van a realizar?". Y nos recordaría una máxima infalible: las matemáticas son exactas.
Realmente no importa el método que utilices para resolverlo: si usas palitos en el cuaderno, si cuentas con los dedos de las manos o si haces el cálculo rápido en tu mente. Lo que verdaderamente importa es que elijas la operación correcta, porque para ese problema existe un solo resultado:
En la vida nos pasa igual. Enfrentamos situaciones difíciles y ensayamos mil métodos humanos para salir de ellas, pero la Biblia nos enseña que existe una sola operación correcta y un único Consejero capaz de darnos el resultado de paz: Jesucristo, el Hijo de Dios.
También escuchamos varias veces en la escuela que si teníamos peras, no las podíamos sumar con manzanas:
No puedes mezclar las verdades de Dios con las corrientes del mundo. Si queremos tener éxito en la resolución de nuestras crisis, debemos andar exclusivamente en el camino de la verdad, sin hacer sumas extrañas con la mentira o la impaciencia.
¿Qué es un problema y por qué nos metemos en ellos?
La definición de la palabra problema es muy clara: “Cuestión discutible que hay que resolver o que necesita una explicación”. Para tu profunda tranquilidad, déjame decirte algo: todos, absolutamente todos los seres humanos tuvimos, tenemos o tendremos un problema que necesitamos resolver lo más pronto posible. Nadie está exento.
La buena noticia es que, al igual que en la escuela, todos los problemas tienen tres elementos garantizados:
🚨 Una pregunta (La crisis que nos cuestiona).
🚨 Una solución (El proceso para resolverlo).
🚨 Una respuesta (El resultado final).
Ahora, si todos queremos vivir en paz, ¿Qué hace que las personas nos metamos constantemente en tantos problemas? Vamos a aprender y a evaluar nuestras vidas a través de estos 6 factores críticos:
🔎 Los 6 detonantes de nuestros problemas
1. La presión de grupo
Hemos leído o escuchado la historia de la caída del hombre en el jardín del Edén (Génesis 3:6), donde Adán comió del fruto que Eva le ofreció. Muchos dirán: “Pero Angie, ¿Qué grupo pueden ser dos personas?”.
Recordemos que estamos hablando del principio de la creación. Terrenalmente, Eva era todo lo que Adán tenía (aunque, por supuesto, también tenía a Dios). En el huerto había animales, pero era con Eva con quien podía hablar, convivir y compartir. Así que, por el deseo de agradarla y encajar con ella, terminó por aceptar una propuesta equivocada, aun sabiendo perfectamente que existía una orden directa de parte de Dios de no comer de ese árbol (Génesis 2:17).
Pertenecer a un grupo nos presiona en muchas ocasiones a ceder. Si no estamos bien cimentados en nuestra identidad, terminamos cometiendo errores graves con tal de ser aceptados por los demás (como lo aprendimos en la Reflexión #11: Un Alto en el Camino).
2. La mala convivencia
La mala convivencia fractura las relaciones y nos obliga a separarnos. Esto fue lo que pasó entre Abraham y Lot (Génesis 13:6-8), cuando la palabra menciona que los pastores de ambos peleaban porque la tierra no alcanzaba para los dos: “Y se apartaron el uno del otro” (versículo 11).
Trayendo esto a lo cotidiano, los que tenemos hermanos sabemos lo mucho que se suele pelear en casa. Una batalla fija y clásica es por el control del televisor: uno quiere ver un partido de fútbol y al otro no le gustan los deportes. ¡Es una disputa eterna! Pero no podemos pasarnos los días, los meses y los años en la misma atmósfera de discordia.
Si me lo permiten, les sugiero una solución práctica para esos momentos: tiren una moneda al aire, jueguen a "cara o sello" y decidan con justicia qué programa se ve primero. En la escuela aprendimos que las operaciones más utilizadas son la suma (+), la resta (-), la multiplicación (x) y la división (/). En ese mismo orden de ideas, las operaciones más efectivas para resolver un problema de convivencia son: el diálogo, la escucha, la tolerancia y el respeto.
3. Ansiedad y depresión por no tener lo que queremos
Este es un mal silencioso que abunda en nuestra sociedad. Vivimos en una cultura del descontento, donde ver lo que otros tienen en redes sociales nos genera un vacío inmediato. Cuando permitimos que la ansiedad por el futuro o la depresión por lo que nos falta gobiernen el corazón, empezamos a tomar decisiones financieras o emocionales desesperadas que solo multiplican nuestros problemas.
La Biblia nos ofrece la operación matemática exacta para contrarrestar este peso:
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. — Filipenses 4:6 (RVR 1960)
4. Falta de sujeción y el deseo apresurado de libertad
La mayoría de nosotros conocemos la famosa parábola del hijo pródigo. La Escritura dice en Lucas 15:17-19 una frase clave: “Y volviendo en sí...”. Volver en sí significa textualmente recuperar el conocimiento o la conciencia después de un desmayo. Este joven estuvo "desmayado" espiritualmente mientras malgastaba su herencia.
¡Qué cantidad de problemas tan terribles se desencadenan en los jóvenes por la falta de sujeción a sus padres! Caídas en las drogas, alcoholismo, depresión, deserción escolar y embarazos precoces. Pero la falta de sujeción no es solo un asunto de jóvenes; también vemos que hoy en día cuesta mucho:
Que las esposas se sujeten a sus maridos.
Que los empleados respeten la autoridad de sus jefes.
Que las ovejitas caminen bajo la guía de su pastor.
Que la humanidad entera se sujete a las leyes de Dios.
Ese deseo desbocado por ser libres a temprana edad o por no rendir cuentas a nadie causa estragos. Es hora de aprender a esperar y recordar constantemente que, bajo el cielo, todo tiene su tiempo.
5. La envidia
¡Qué problema tan destructivo! Este sentimiento crece cada vez más en el corazón de la humanidad. La envidia hace que las personas se ensañen, endurezcan su corazón, cieguen su entendimiento y armen planes maquiavélicos para matar a su hermano, ya sea de forma física, mental o espiritual.
En el libro de Génesis aprendemos de Caín, quien se llenó de una envidia profunda hacia su hermano Abel (Génesis 4:5-7). Leamos con atención el versículo 7, donde Dios mismo confronta a Caín y le dice: “Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido?”.
Esto nos deja una lección eterna: si hacemos las cosas con rectitud y amor, Dios mismo nos mirará con agrado. No necesitas codiciar el proceso de los demás. Lo que el Padre nos pide continuamente es:
Un ❤️ sensible a Su voz.
Un ❤️ que lo honre y le dé lo mejor de su primicia.
Un ❤️ que le alabe y le exalte en la prueba.
Un ❤️ que le obedezca sin condiciones.
6. No tener empatía
A los seres humanos nos fascina tomar la justicia por nuestras propias manos, y ese deseo de venganza se alborota cuando nos sentimos humillados. Aprendamos de David, un hombre con un corazón conforme al de Dios, pero que estuvo a punto de masacrar a un hombre llamado Nabal porque se sintió profundamente zaherido (humillado y menospreciado) por él (1 Samuel 25).
Narra la Escritura que Nabal era un hombre muy rico y su esposa era la sabia Abigail. David, que en ese tiempo huía y aún no era rey, envió a diez de sus hombres a pedirle provisiones de manera pacífica a Nabal, ya que los soldados de David habían estado protegiendo sus rebaños en el desierto (1 Samuel 25:4-8). Sin embargo, lo único que recibieron de Nabal fueron insultos y humillaciones.
A causa de la falta de empatía de Nabal, David se llenó de ira y marchó con espada para destruir su casa. Afortunadamente, la sabiduría e intervención oportuna de Abigail hicieron que David recapacitara y detuviera su sed de sangre. Al final de la historia, vemos que David no tuvo que rebajarse: Dios mismo peleó por él y le dio la victoria (1 Samuel 25:39). Cuando caminas en empatía y dejas la justicia en manos del Señor, Él resuelve el problema por ti.
Conclusión: Elige la operación correcta
No importa el tamaño del problema que estés enfrentando hoy en tu hogar, en tus finanzas o en tu mente. Recuerda que la solución ya está diseñada por el Diseñador Excelente. No intentes resolverlo con las operaciones del mundo (pagando con la misma moneda, llenándote de envidia o huyendo de la sujeción). Ve delante del único Consejero, Jesucristo, y permite que Su palabra traiga el resultado exacto que tu vida necesita.
¡Te envío un abrazo fuerte! Te animo a repasar nuestras reflexiones anteriores para mantener tu vida alineada con el plan divino.
🧩 ¡Pongamos en práctica lo aprendido! Haz clic en el siguiente enlace para participar en nuestra dinámica interactiva de esta semana y evaluar cómo estás resolviendo tus ecuaciones de vida:
👉 Realizar la Actividad en Línea - Reflexión #13
Déjanos tu comentario abajo: ¿Cuál de estos 6 ítems ha sido el que más problemas te ha causado en el pasado? ¿Cómo te ayudó el Señor a resolver esa ecuación? ¡Queremos leerte! 👇📖
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Sumando fe, restando discordia y multiplicando el amor de Cristo, se despide,
Angie Reza.
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Hermano hemos llegado al final, si no te has dado cuenta nos falto un ítems por aprender, ya que eran 6, ¡pero! te invitamos a que leas la reflexión #20 en donde profundizaremos.
Recuerda que todas las personas, pasamos a diario por situaciones en las cuales debemos tomar una decisión, para muchos esas situaciones les llaman problemas otros ataque y otros pensaran que es una prueba.
La única verdad es que para cada uno de ellos hay una solución y "fiel es Dios que no nos dejará ser tentador más de lo que cada uno de nosotros pueda resistir" 1 Corintios 10:14 RV 1970

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