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Reflexión #12: Anden como es digno

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados”. — Efesios 4:1 (RV 1960)

La parábola de la plastilina

¡Dios te bendiga grande y poderosamente! Quiero iniciar esta enseñanza recordándote una verdad confrontante: somos cartas leídas delante de los hombres (2 Corintios 3:2). Para muchas personas que te rodean en el día a día, la única Biblia que leerán en todas sus vidas será tu manera de vivir, tu testimonio y tu conducta. Por eso está escrito: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15).

Hace un tiempo, tuve la hermosa oportunidad de predicar en el servicio de jóvenes de mi iglesia local. Antes de soltar el mensaje de la Palabra, el Espíritu Santo me guió a realizar una dinámica muy sencilla pero profundamente reveladora utilizando barras de plastilina.

Esa tarde nos reunimos con 22 jóvenes en una mesa redonda. A cada uno le entregué una barra de plastilina de colores bien alegres y encendidos. Eso sí, me aseguré de guardar los colores blanco, negro y café, porque esos los usaríamos más adelante para la enseñanza. Lo primero que les pedí fue que miraran fijamente el color que les había tocado.

Posteriormente, les di la siguiente instrucción: cada uno debía partir su barra en 22 pedacitos exactos. Seguido a esto, iniciamos una ronda donde cada joven comenzó a repartirle un pedacito de su plastilina a todos los demás integrantes de la mesa. Al finalizar la dinámica, todos los presentes quedaron en sus manos con 22 pedacitos de diferentes y hermosos colores.

La mezcla con la Santidad vs. El coqueteo con las tinieblas

Previamente, le había solicitado a la líder del ministerio que guardara las plastilinas de color blanco. El color blanco representaba la pureza y la santidad de Dios. Le entregamos a cada joven un pedazo de este color y les pedimos que lo mezclaran y moldearan con el primer color de su barra original.

Pasados unos minutos de amasar ambas piezas, llegamos a una conclusión: aunque el color original se había aclarado un poco debido al blanco, aún conservaba su esencia e identidad inicial. En ese momento, reflexionamos juntos: ¿Qué pasaría si le siguiéramos añadiendo más y más color blanco? La respuesta fue clara: terminaría pareciéndose por completo al blanco puro.

Así funciona nuestra vida espiritual. Cuando nos esforzamos diariamente en cumplir los mandatos divinos, morimos a los deseos de nuestra carne y nos sumergimos en Su presencia; de esa misma manera, nos vamos pareciendo cada vez más a Jesús. Desarrollar el carácter de Cristo debería ser la meta suprema de todo cristiano.

Sin embargo, pasamos a la siguiente etapa de la instrucción. Así como el blanco representaba a Cristo, procedimos a repartirles a todos un pedazo de plastilina de color negro (el cual representaba las tinieblas del mundo) y les ordenamos mezclarlo con el siguiente color que tenían en la mano.

¿Qué sucedió? El color oscuro absorbió la brillantez. Les predicaba a los jóvenes que si alguien, después de haber sido lavado y limpiado por la sangre del Cordero, toma la decisión consciente de volver a involucrarse y enredarse con las cosas del mundo, poco a poco su color original se va apagando... hasta que se encuentra atrapado en un callejón espiritual sin salida, un lugar oscuro del que muchos no logran regresar.

La contaminación del diseño original

Para profundizar aún más, los orienté a mezclar un cuarto color a elección de cada quien, y mientras lo moldeaban entre sus dedos, les enseñaba que ese color representaba a personas que entran a nuestras vidas cargadas con una raíz de amargura (Efesios 4:31).

Continuamos el ejercicio agregando color tras color, y fuimos poniéndole nombre a cada mezcla según los vicios y conductas que describe la Palabra:

  • El quinto color representaba a alguien que vive bajo el dominio del enojo.

  • El sexto color representaba la ira descontrolada.

  • El séptimo color tipificaba la gritería y la falta de dominio propio.

  • El octavo color presentaba la maledicencia (hablar mal de otros).

  • El noveno color representaba la malicia en el corazón.

Y de esta manera, seguimos sumando pedazos que ilustraban a personas que vienen con engaños del sistema a ofrecer alcohol, consumo de sustancias psicoactivas, pornografía, mentira, robo, lascivia, promiscuidad, lujuria, pasiones desordenadas y ateísmo.

Cuando completamos la mezcla total de los 24 fragmentos de plastilina... ¡no se imaginan la masa que se formó! Le pregunté directamente a los jóvenes si les gustaba el color que estaban viendo en sus manos. La respuesta unánime fue una expresión de desagrado: se había convertido en una bola de color feo, opaco, sucio y grisáceo.

Cuida tu color: Las malas compañías corrompen

Junto con los líderes del ministerio, confrontamos con amor a los muchachos y les preguntamos: ¿Este color final que tienen en sus manos se parece en algo al color hermoso y brillante con el que iniciaron la dinámica? La respuesta era evidente.

A través de este ejercicio gráfico, les enseñamos que exactamente eso es lo que ocurre con la vida de un creyente que pierde su identidad, su brillo y su testimonio por mezclarse con personas que arrastran consigo todos estos vicios y corrientes del mundo. El profeta Jeremías recibió una palabra contundente sobre esto: “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos” (Jeremías 15:19). No es en vano que la Biblia nos advierta con tanta firmeza:

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. — 1 Corintios 15:33 (RV 1960)

Fue una actividad sumamente edificante para la gloria de Dios. Pudimos ilustrarles a nuestros jóvenes que ellos son una perla preciosa a los ojos del Padre. Dios le ha entregado un "color" único, un diseño y un propósito a cada uno de nosotros, pero depende de cada quien conservarlo intacto o echarlo a perder al mezclarse con malas compañías. Si tienes la oportunidad, ¡sería genial que repliques esta dinámica en casa con tus hijos o con los hermanos de tu congregación!

Instrucciones para un caminar digno

Esa tarde estudiamos a fondo la carta a los Efesios, extrayendo tres verdades vitales para mantener nuestra plastilina espiritual incontaminada:

  1. Tenemos una identidad que defender: En Efesios 4:1, el apóstol Pablo nos ruega y nos anima a andar como es digno de la vocación con la que fuimos llamados. Tu comportamiento debe honrar el nombre de tu Padre.

  2. Tenemos un lugar en el Cuerpo: En Efesios 4:11-12, aprendimos que todos nosotros tenemos un llamado específico y una responsabilidad activa en la edificación de la casa del Señor. No fuimos llamados a ser espectadores.

  3. Debemos despojarnos del viejo hombre: En Efesios 4:21-32, se nos ordena esforzarnos cada día por parecernos más a Jesús, renovando el espíritu de nuestra mente y aprovechando bien el tiempo porque los días son malos (Efesios 5:16). Para completar y sellar esta enseñanza en tu tiempo devocional, te invito a leer detenidamente todo el pasaje de Efesios 5:1-20.

En la vida cristiana, a todo no se le dice que "sí", y tampoco con todo el mundo nos debemos relacionar íntimamente. Un consejo de mi madre que me marcó para siempre desde la juventud fue cuando ella me decía: “Hija, debemos ser sumamente selectivos a la hora de elegir una amistad”. Si alguna vez tienes dudas sobre si una compañía te conviene o no, detente, ora en el secreto y pide la dirección del Espíritu Santo.

Así como una sola decisión correcta te condujo un día por el camino de la Verdad, una sola mala elección de compañía puede desviar tu destino eterno. ¡Cuida el color que Dios te dio!

🧩 ¡Es hora de evaluar tu discernimiento! Haz clic en el siguiente enlace y participa en el juego interactivo que hemos preparado para repasar esta lección:

👉 Realizar la Actividad en Línea - Reflexión #12

Déjanos tu comentario abajo: ¿Qué estrategia utilizas para cuidar tus amistades y las de tus hijos? Si eres líder o padre, cuéntanos si te gustaría implementar la dinámica de la plastilina. ¡Te leemos en los comentarios! 👇📖

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¡Una misión con sentido social!

Caminando en integridad y conservando el diseño del Maestro, se despide,

Angie Reza.

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